A finales de los 80, Mitsubishi desafió las leyes de la acústica con el Diatone D-160, el subwoofer más grande jamás construido
A finales de los 80, Mitsubishi desafió las leyes de la acústica con el Diatone D-160, el subwoofer más grande jamás construido. Con un imán masivo y un cono de 160 centímetros (60 pulgadas), esta bestia de 800 kilogramos no solo reproducía sonido; alteraba el entorno físico de forma destructiva.
Durante sus primeras pruebas en la fábrica de Koriyama, el experimento tuvo que detenerse de inmediato: las vibraciones fueron tan violentas que las lámparas del techo colapsaron sobre los ingenieros. Al intentar probarlo al aire libre, el resultado fue aún más inquietante. A distancias cortas el sonido era perceptible, pero al alejarse, la frecuencia se transformaba en una onda sísmica que viajaba por el suelo.
En un radio de 2 kilómetros a la redonda, los vecinos reportaron pequeños temblores, paredes que crujían y ventanas estallando. El D-160 demostró que, a niveles extremos, la frontera entre el audio y la actividad geológica desaparece por completo. Una pieza de ingeniería legendaria que llevó el concepto de potencia a un límite que nunca más se volvió a intentar alcanzar.
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