Antes de que las sustancias gobernaran su destino, Diego Armando Maradona ya era el dueño absoluto del planeta futbolístico
Antes de que las sustancias gobernaran su destino, Diego Armando Maradona ya era el dueño absoluto del planeta futbolístico.
Surgido del barro de Villa Fiorito, el "Pelusa" no solo jugaba al fútbol.
Gobernaba las emociones de millones de personas que adoraban el suelo por donde caminaba.
En su época dorada, Diego representaba la libertad pura.
El genio indomable.
La máxima capacidad física y una alegría que contagiaba a estadios enteros.
Tenía el mundo a sus pies.
Sin embargo, las adicciones convirtieron al rey en un prisionero de su propio entorno.
El declive no pidió permiso.
Llegaron las suspensiones históricas.
Las batallas críticas en terapia intensiva.
Años de ingresos hospitalarios de emergencia.
Ver a uno de los atletas más dotados de todos los tiempos perder el control se convirtió en el recordatorio más crudo de la historia del deporte: a la dependencia no le importa quién eres, cuántas copas levantaste ni cuánto dinero tienes en el banco.
Ese problema siempre opera igual.
Se presenta como un refugio silencioso.
Una tregua temporal.
Hasta que las paredes de la jaula se cierran por completo.
Ya sea el alcohol, el tabaco u otras sustancias, el control se pierde de forma silenciosa.
La verdadera fortaleza empieza cuando se reconoce la situación y se busca la estructura de apoyo adecuada.
Incluso las leyendas más grandes necesitaron un equipo a su lado fuera de la cancha para ganar sus batallas más oscuras.
La historia de Diego no se puede cambiar.
Pero las decisiones del presente determinan el resto de tu vida.
El primer paso es aceptar que no se tiene que caminar solo.
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