Betty Robinson es la prueba viviente de que la voluntad humana no conoce imposibles
Betty Robinson es la prueba viviente de que la voluntad humana no conoce imposibles.
Con solo 16 años, se convirtió en la primera mujer en ganar un oro olímpico en los 100 metros planos. Sin embargo, su mayor carrera no fue en una pista de atletismo, sino contra el destino.
Betty sobrevivió a un accidente aéreo tan severo que la persona que la rescató pensó que estaba muerta y la llevó directamente a una funeraria. Pasó meses en coma y sufrió fracturas múltiples en una pierna, un brazo y la cadera. Los médicos fueron determinantes: nunca volvería a caminar con normalidad, y mucho menos a correr.
Su recuperación tomó años de cirugías y una rehabilitación dolorosa que la dejó con una pierna más corta que la otra. Al no poder doblar las rodillas por completo, Betty no podía realizar la salida oficial de atletismo, pero se negó a rendirse.
Contra todo pronóstico médico, regresó a los Juegos Olímpicos de Berlín,Como no podía agacharse para la salida individual, compitió en los relevos 4x100 metros. Ese día, el equipo estadounidense venció al favorito, Alemania, y Betty Robinson sumó su segunda medalla de oro.
A veces el éxito no se mide por lo rápido que corres, sino por cuántas veces eres capaz de levantarte cuando el mundo te dice que ya terminó tu tiempo. Una historia necesaria para recordar hoy.
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