Cuando los equipos de rescate lograron remover una de las losas de concreto tras el sismo de este miércoles en Venezuela, el silencio se rompió con ...
Cuando los equipos de rescate lograron remover una de las losas de concreto tras el sismo de este miércoles en Venezuela, el silencio se rompió con un llanto débil pero constante. Allí, bajo el peso del colapso, estaba Andrea. Su cuerpo permanecía inmóvil, sin signos vitales, en una posición de resguardo absoluto. Debajo de ella, protegida de los escombros, se encontraba Alana, su bebé de un año y ocho meses, completamente viva.
Andrea era la esposa del futbolista Héctor "Kike" Bello, defensor del club Marítimo de La Guaira. Mientras la tierra se sacudía con violencia y el edificio familiar se venía abajo en la región costera, el jugador se encontraba concentrado con su equipo, cumpliendo con sus compromisos deportivos y lejos de casa, sin imaginar la pesadilla que golpeaba a los suyos en ese mismo instante.
En los segundos finales, cuando la estructura cedió, la prioridad de esta madre no fue buscar una salida para sí misma, sino convertirse en el escudo de su hija. Su último acto fue garantizar que la vida de Alana continuara.
La pequeña ya recibe atención médica y se reporta fuera de peligro. El dolor por la pérdida de Andrea es inmenso, pero su sacrificio deja un testimonio imborrable sobre el alcance del amor materno en los momentos más oscuros. Fuerza para "Kike" Bello y para todas las familias que hoy enfrentan la dura tarea de reconstruir sus vidas.
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