Después de 65 años, él volvió a verla en una casa de lámina, y la frase “yo siempre supe que llegarías lejos” convirtió aquel re...
Después de 65 años, él volvió a verla en una casa de lámina, y la frase “yo siempre supe que llegarías lejos” convirtió aquel reencuentro en una herida imposible de ocultar.
José “Pepe” Mujica, el expresidente más humilde del mundo, descubrió que su primer amor de juventud sobrevivía en una choza sin agua ni electricidad en medio de la región rural de Tacuarembó. Él, que renunció a los lujos del poder, se enfrentó al doloroso contraste entre aquel pasado de sueños compartidos con su primer amor y la dura realidad de ella. Lo que hizo Mujica no solo sorprendió a Lucía, sino que también puso al Estado contra la pared.
La mañana de otoño en Montevideo amaneció con un cielo despejado y una brisa fresca que arrastraba hojas amarillentas por las calles empedradas del barrio Cerro. José Mujica, a sus 88 años, caminaba lentamente por su chacra en Rincón del Cerro. Sus manos, curtidas por décadas de trabajar la tierra, acariciaban los tallos de las plantas mientras supervisaba el cultivo de flores que había aprendido a valorar desde que se retiró de la vida política activa.
La sencillez de su vida actual contrastaba con la intensidad de su pasado. Guerrillero tupamaro, preso político durante 13 años, senador y, finalmente, presidente de Uruguay entre 2010 y 2015. Conocido mundialmente como el presidente más pobre del mundo por su estilo de vida austero y su rechazo a los lujos del poder, Mujica había mantenido intacta su esencia a lo largo de los años.
Aquella mañana, mientras desayunaba mate y pan casero junto a su inseparable perra Manuela, recibió una llamada que alteraría su rutina.
—Buenos días, don Pepe —se oyó la voz de Martín Echeverría, un joven periodista del diario El Observador, con quien había desarrollado una relación de confianza—. Disculpe que lo moleste tan temprano, pero hay algo importante que creo que debería saber.
—Dime, muchacho —respondió Mujica con su característica voz grave y pausada.
—Estoy haciendo un reportaje sobre la pobreza en las zonas rurales del norte y me encontré con una situación que, bueno, pensé que usted debía conocer. Una señora mayor, Lucía Romero, vive en condiciones muy precarias en Tacuarembó. Durante la entrevista, mencionó que lo conoció a usted en su juventud, en la década de 1950, antes de que entrara en política.
El nombre resonó en la memoria de Mujica como un eco lejano: Lucía Romero, su primer amor verdadero, cuando ambos apenas tenían 20 años y el mundo parecía extenderse infinitamente ante ellos. Un romance breve, pero intenso, truncado por las circunstancias y por los caminos distintos que cada uno había elegido.
—¿Lucía? ¿Estás seguro? —preguntó Mujica, con una mezcla de sorpresa y nostalgia en la voz.
—Sí, señor. Ahora tiene 86 años. Vive sola en una casita de chapa y madera, sin servicios básicos adecuados. Me mostró una foto vieja donde aparecen ustedes dos. Dijo que usted fue su novio por un tiempo antes de que la vida los separara.
Mujica guardó silencio unos segundos, transportándose mentalmente a aquella época, cuando era un joven militante socialista y Lucía, una estudiante de magisterio con ideales similares. Recordó las largas conversaciones sobre política y justicia social, los paseos por la Rambla de Montevideo, los besos robados bajo la sombra de los árboles del Prado.
—¿Dónde está exactamente? —preguntó al fin.
—En un pequeño paraje llamado Valle del Lunarejo, a unos 30 km de la ciudad de Tacuarembó. Es una zona bastante aislada.
—Gracias por avisarme, Martín. Por favor, que esto quede entre nosotros por ahora.
Después de colgar, Mujica permaneció inmóvil en su silla de madera, con la mirada perdida en el horizonte. Recuerdos que creía olvidados regresaron con una claridad sorprendente. Lucía había sido su compañera en una época en la que todo parecía posible, cuando ambos compartían sueños de un Uruguay más justo y más igualitario.
La última vez que había sabido de ella fue en la década de 1960, antes de que él se uniera a la guerrilla tupamara y posteriormente fuera encarcelado. Después de casi una hora de reflexión, tomó una decisión....
La parte 2 está en los comentarios..

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