Dicen que en los mercados de libros de Bagdad, en Irak, sucede algo que desafía la lógica del comercio moderno: cuando llega la noche y los vendedor...
Dicen que en los mercados de libros de Bagdad, en Irak, sucede algo que desafía la lógica del comercio moderno: cuando llega la noche y los vendedores se retiran a sus casas, dejan los estantes llenos de libros en plena calle, sin candados, sin vigilancia y sin miedo.
¿Por qué nadie se los lleva? Los iraquíes tienen una respuesta que es una auténtica lección de vida:
"El que lee no roba, y el que roba no lee".
Este nivel de desapego no es descuido, es la máxima expresión de confianza en una sociedad. Es entender que la cultura y el conocimiento son herramientas que elevan el espíritu por encima de la necesidad de arrebatarle algo al prójimo.
Mientras el lector busca enriquecer su mente, el que vive de lo ajeno difícilmente encontrará valor en un objeto que requiere esfuerzo y reflexión para ser aprovechado.
A veces, la seguridad de una nación no se mide por sus leyes, sino por el valor que le dan a sus libros. Una declaración definitiva de principios donde la honestidad le gana la partida a la desconfianza.
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