Dos mundos en su apogeo más puro capturados justo antes de que la historia cambiara las reglas para siempre
Dos mundos en su apogeo más puro capturados justo antes de que la historia cambiara las reglas para siempre.
El 8 de marzo de 1981, el estadio de Vélez Sarsfield en Buenos Aires fue testigo de un cruce que hoy parece extraído de una realidad paralela. Diego Armando Maradona y Freddie Mercury compartiendo camarines. Intercambiando identidades musicales y deportivas.
En la previa del último concierto de la histórica primera gira de Queen por Argentina, un joven Maradona de apenas 20 años, que acababa de debutar en Boca Juniors, entró al backstage para encontrarse con la banda británica del momento.
La admiración mutua se hizo evidente de inmediato.
Como símbolo de respeto y fraternidad cultural, el astro argentino se puso una remera con el diseño de la Union Jack británica. El líder de Queen se calzó la mítica camiseta albiceleste.
Poco después, Freddie subió al escenario luciendo con orgullo los colores argentinos frente a más de 50 mil personas. Presentó al Pelusa ante una multitud que estalló en júbilo.
Diego tomó el micrófono, agradeció a la banda por hacer al país tan feliz y con total soltura anunció el siguiente hit de la noche: "Y ahora, Otro muerde el polvo".
Esta mítica fotografía inmortalizó un instante de conexión artística y deportiva genuina.
Un puente perfecto construido un año antes de que el conflicto de las Malvinas transformara la relación entre ambas naciones.
Un tesoro de la cultura pop que demuestra el poder de la música y el fútbol para unir lo impensado.
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