Durante décadas, España y Portugal miraron los brezales y vieron un problema que había que resolver

Durante décadas, España y Portugal miraron los brezales y vieron un problema que había que resolver.

Lo que vieron era un paisaje sin árboles. Lo que no vieron fue un ecosistema perfectamente adaptado a su entorno, moldeado durante miles de años por el fuego y capaz de regenerarse solo después de cada incendio.

Decidieron plantar pinos y eucaliptos. Y crearon polvorines.

Los megaincendios de 2025 quemaron más de 650.000 hectáreas en el oeste de la península ibérica. La evidencia científica es clara: las plantaciones forestales masivas de Pinus pinaster y eucalipto no solo destruyeron la biodiversidad original de los brezales mediterráneos, sino que transformaron paisajes resilientes en masas homogéneas de biomasa combustible, mucho más inflamables y mucho menos capaces de recuperarse.

La paradoja es profunda. El brezal mediterráneo, conocido como herriza, no necesita árboles para ser saludable. Es un ecosistema pirófilo: no solo tolera el fuego, sino que depende de él para mantener su biodiversidad. Muchas especies necesitan precisamente los primeros años después de un incendio para vivir.

Cuando los densos pinares arden, el calor extremo calcina el suelo, destruye los bancos de semillas y compromete la regeneración natural. Y luego el pino resinero, seleccionado artificialmente durante décadas para crecer rápido, germina masivamente en el terreno quemado e invade los ecosistemas colindantes.

Una especie autóctona que se comporta como invasora. Una restauración que se convirtió en catástrofe.

El monte sin árboles no es monte sucio. A veces es exactamente lo que debería ser.

📌Fuente: The Conversation - "La factura ecológica de las plantaciones forestales"

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