Durante décadas, una pequeña “sirena momificada” permaneció guardada en el templo Enjuin, en la prefectura de Okayama, Japón

📅 12/04/2026

Durante décadas, una pequeña “sirena momificada” permaneció guardada en el templo Enjuin, en la prefectura de Okayama, Japón.

Medía apenas unos 30 centímetros, tenía rostro humanoide, dientes afilados, dedos, cabello y una cola cubierta de escamas. Una nota antigua decía que había sido capturada en una red de pesca entre 1736 y 1741, durante el período Edo.

La historia parecía salida del folclore japonés. Allí existen relatos sobre los ningyo, criaturas mitad humanas y mitad pez asociadas con la longevidad, las enfermedades y los presagios.

En 2022, investigadores de la Universidad de Ciencias y Artes de Kurashiki decidieron estudiarla con tomografías, rayos X, análisis de ADN y datación por radiocarbono.

El resultado fue más extraño que la leyenda.

No era una criatura desconocida, ni el torso de un mono cosido a la cola de un pez. El cuerpo estaba hecho principalmente de tela, papel y algodón, unido con alfileres metálicos y cubierto con partes de animales. Tenía piel de pez globo, pelo de mamífero, uñas de queratina y una mandíbula procedente de un pez carnívoro.

Más que una sirena, era una pieza fabricada con enorme detalle para parecer viva.

Y aun así, su valor no desapareció. Para el templo, seguía siendo parte de una historia cultural: un objeto donde se mezclan ciencia, creencias populares, comercio de rarezas y la antigua fascinación humana por aquello que parece estar entre dos mundos.

Durante décadas, una pequeña “sirena momificada” permaneció guardada en el templo Enjuin, en la prefectura de Okayama, Japón
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