Durante siglos, la ciencia trató las historias de olas gigantes como simples mitos de marineros

📅 18/07/2026

Durante siglos, la ciencia trató las historias de olas gigantes como simples mitos de marineros. Leyendas exageradas en noches de tormenta, al mismo nivel que los monstruos marinos.

Pero en 1980, una sola fotografía frente a las costas de Durban, Sudáfrica, capturó una de las paredes de agua más imponentes y aterradoras jamás registradas, cambiando la oceanografía para siempre.

Mientras el colosal superpetrolero Esso Languedoc navegaba en un mar relativamente normal, una masa de agua del tamaño de un edificio de ocho pisos se levantó de la nada.

El primer oficial a bordo, Philippe Lijour, reaccionó en segundos, tomó su cámara y retrató el instante exacto en que la ola devoraba la proa.

La tripulación estimó que el monstruo alcanzó entre 25 y 30 metros de altura, superando por completo el mástil del navío.

Contra todo pronóstico, el enorme buque resistió el impacto, pero el verdadero golpe fue para la física tradicional.

Según los modelos matemáticos de la época, un fenómeno de esta magnitud era estadísticamente imposible. La imagen demostró que la realidad del océano era mucho más salvaje de lo que dictaban los libros de texto.

Décadas después, los satélites y la medición científica en plataformas marinas confirmaron lo que esta mítica fotografía ya le había gritado al mundo: las olas errantes son reales y se forman cuando las corrientes potentes, como la de Agulhas en Sudáfrica, chocan de frente con el oleaje del Océano Sur, acumulando una energía monstruosa en una sola cresta.

Durante siglos, la ciencia trató las historias de olas gigantes como simples mitos de marineros
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