El 20 de octubre de 2026, una mujer fue a alimentar a sus pájaros en Põlva, Estonia, abrió la puerta del gallinero y encontró trece ratas en el su...
El 20 de octubre de 2021, una mujer fue a alimentar a sus pájaros en Põlva, Estonia, abrió la puerta del gallinero y encontró trece ratas en el suelo, inmóviles y con las colas atadas.
Su hijo, Johan Uibopuu, lo describió así a los medios estonios: «Estaban allí como en una bandeja. Intenté desatarlos, pero era difícil saber si tenían la cola atada o pegada al suelo». Llamaron al Museo de Historia Natural de la Universidad de Tartu. Los investigadores llegaron, examinaron el hallazgo y tomaron la única decisión posible: los animales no podían ser liberados, no podían alimentarse por sí mismos y nadie podía tenerlos como mascotas. Fueron sacrificados. Ahora forman parte de la colección permanente del museo.
Fue tan solo el segundo caso registrado en el siglo XXI a nivel mundial.
Este fenómeno se conoce como el Rey de las Ratas. Se trata de un grupo de ratas cuyas colas se enredan, se quedan atascadas o se congelan hasta formar un nudo del que no pueden escapar. La ciencia ha registrado al menos 58 casos fiables a lo largo de cinco siglos, según el biólogo neerlandés Maarten 't Hart, quien los catalogó en 1973. La primera mención documentada data de 1576, registrada por el historiador húngaro Johannes Sambucus.
El ejemplar más grande del mundo se encontró en mayo de 1828 en Buchheim, Alemania, cuando el molinero Steinbrück derribó las paredes de su chimenea para limpiarla y descubrió en su interior una masa momificada de 32 ratas, con las garras aún afiladas y el pelaje chamuscado por el hollín. Las donó a la Sociedad de Historia Natural de Altenburg, que las colocó en una vitrina. Allí se conservan hoy en día, en el museo Mauritianum, y ostentan el récord mundial Guinness del mayor ejemplar conocido de rata.
Un estudio científico publicado por investigadores de la Universidad de Tartu, la fuente académica más autorizada sobre el fenómeno, analizó los casos estonios y llegó a una conclusión: los hallazgos respaldan la hipótesis de que el nudo se forma cuando las colas de las ratas se quedan atascadas o congeladas. La geografía global de los casos confirma este patrón: con una sola excepción en Java, todos los hallazgos coinciden en áreas con dos factores simultáneos: inviernos fríos y la presencia de la rata negra, *Rattus rattus*. Con el desplazamiento de la rata negra por la rata parda en el siglo XVIII, los casos se volvieron cada vez más raros.
Lo más inquietante de este fenómeno no es su apariencia.
Su mecanismo es complejo. Cada animal intenta liberarse moviéndose en una dirección diferente. Ese esfuerzo aprieta aún más la trampa. Los animales no pueden alimentarse ni moverse. Sin intervención externa, mueren en horas o días. La criatura que el folclore europeo convirtió en presagio de plagas y mala suerte era, en realidad, una trampa sin salida, creada por los propios cuerpos de sus víctimas.
El Rey Rata no es un monstruo. Es una frase compartida.
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