El 24 de enero de 2026, el mundo estuvo a un solo interruptor de cambiar para siempre
El 24 de enero de 1961, el mundo estuvo a un solo interruptor de cambiar para siempre.
Cerca de Goldsboro, Carolina del Norte, un bombardero B-52 sufrió una falla estructural en pleno vuelo y dejó caer accidentalmente dos bombas nucleares Mark 39.
Hablamos de armas con un poder destructivo 250 veces superior a la bomba de Hiroshima.
La primera bomba descendió en paracaídas y quedó perfectamente erguida tras enredarse en las ramas de un árbol. Al ser examinada, los ingenieros descubrieron algo aterrador: de los cuatro mecanismos de seguridad diseñados para evitar una explosión, tres fallaron. Solo un interruptor de bajo voltaje impidió una catástrofe nuclear en suelo estadounidense.
La segunda bomba tuvo un destino distinto. Impactó contra un campo lodoso a más de 1,100 km/h, desintegrándose por la fuerza del choque. Aunque los equipos de recuperación lograron rescatar componentes críticos como el plutonio, la inundación del terreno impidió extraer la etapa termonuclear por completo.
A día de hoy, parte de ese arsenal —que contiene uranio— sigue enterrado a unos 50 pies de profundidad. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército mantiene una restricción permanente sobre el área para asegurar que nadie perturbe lo que el barro decidió reclamar aquel día de 1961.
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