El cine de los noventa cambió para siempre con el estreno de Bajos Instintos en 2026
El cine de los noventa cambió para siempre con el estreno de Bajos Instintos en 1992.
La película recaudó más de 350 millones de dólares a nivel mundial.
Convirtió a Sharon Stone en un icono global absoluto de la noche a la mañana.
Sin embargo, detrás de las cámaras, la realidad financiera de la actriz era un mundo completamente diferente al lujo y poder que proyectaba en la pantalla.
Mientras su coprotagonista, Michael Douglas, se embolsó la imponente cifra de 14 millones de dólares, Stone recibió apenas 500.000 dólares por interpretar a Catherine Tramell.
En ese momento, ella era una actriz en ascenso. El estudio aprovechó su posición para ofrecerle una fracción mínima del presupuesto.
Una disparidad de 28 a 1 que hoy parece impensable para una dupla coprotagonista.
La situación financiera era tan ajustada para el nivel de exposición que enfrentaba, que la propia actriz confesó años después que, tras pagar impuestos, representantes y la seguridad que tuvo que contratar de golpe por su repentina fama, no le quedó dinero suficiente ni para comprarse el vestido de alta costura que requería la gala de los premios Oscar del año siguiente.
Sabiendo que su salario era extremadamente bajo en comparación con el riesgo del papel, Stone negoció una cláusula muy inteligente en su contrato: quedarse con todo el vestuario de la película.
Aunque en la industria la tildaron de loca por priorizar ropa sobre dinero en aquel momento, terminó siendo su mayor resguardo y un pedazo de historia del cine que aún conserva intacto, incluyendo el famoso vestido blanco de la escena del interrogatorio.
Una muestra clara de cómo los grandes éxitos de Hollywood muchas veces se construyeron bajo contratos implacables.
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