El exídolo contestó una llamada desconocida al amanecer y escuchó algo que lo dejó helado: “El presidente quiere verlo”… pero na...

El exídolo contestó una llamada desconocida al amanecer y escuchó algo que lo dejó helado: “El presidente quiere verlo”… pero nadie le dijo el verdadero motivo detrás de la invitación.

Era una mañana soleada en Porto Alegre. Ronaldinho Gaúcho despertó con el sonido del celular sonando insistentemente. Todavía adormilado, tanteó la mesa de noche hasta encontrar el aparato. En la pantalla, parpadeaba un número desconocido. Por un momento pensó en ignorarlo, pero algo lo hizo contestar.

—¿Aló? —dijo con la voz aún ronca por el sueño.

Al otro lado de la línea, una voz formal se identificó.

—Buenos días, señor Ronaldo de Assis Moreira. Le llamamos de la Secretaría de la Presidencia de la República. El presidente Lula quisiera invitarlo personalmente a un evento en Brasilia la próxima semana.

Ronaldinho se sentó en la cama, repentinamente despierto. Su corazón se aceleró. No todos los días recibía una llamada del gabinete presidencial.

—¿Un evento? ¿Qué tipo de evento? —preguntó mientras se pasaba la mano por el cabello despeinado.

—Es un evento especial sobre figuras inspiradoras de Brasil. El presidente solicitó su presencia, pero pidió mantener los detalles en secreto. Él mismo quisiera explicárselo personalmente.

Ronaldinho guardó silencio durante unos segundos. Su mente vagaba entre posibilidades. Después de años alejado de los reflectores, se preguntaba el motivo de aquel interés repentino. Desde su retiro oficial en 2018, y especialmente después de los problemas legales que enfrentó en Paraguay, su relación con los eventos oficiales había sido distante.

—¿Señor, sigue en la línea? —preguntó la voz al otro lado.

—Sí, sí, estoy aquí —respondió Ronaldinho—. Puede decirle al presidente que estaré presente.

Después de colgar, Ronaldinho caminó hasta la ventana de su departamento. Afuera, Porto Alegre despertaba bajo un cielo azul intenso. Las aguas del Guaíba brillaban a lo lejos, reflejando el sol de la mañana. Respiró hondo, sintiendo una mezcla de curiosidad y aprensión.

Esa tarde, Ronaldinho llamó a su hermano y representante, Roberto de Assis.

—Assis, no vas a creer lo que pasó hoy —dijo en cuanto su hermano contestó.

—¿Y ahora qué pasó, Ronaldo? —preguntó Assis con ese tono protector que había desarrollado a lo largo de décadas, manejando la carrera de su hermano.

—Recibí una invitación del presidente Lula para un evento en Brasilia.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

—¿Estás seguro de que no es una broma?

—La llamada vino directamente de la Secretaría de la Presidencia. Parece legítima.

—Y ya aceptaste, ¿verdad?

Assis conocía muy bien a su hermano Ronaldinho.

—Claro que sí. Me dio curiosidad.

En los días siguientes, Ronaldinho se descubrió revisitando recuerdos de su carrera. Las noches en que dormía abrazado a una pelota cuando era niño en los callejones de Porto Alegre, sus primeros regates en el Grêmio, la conquista de la Copa del Mundo de 2002, las noches mágicas en el Barcelona y también los momentos difíciles: las lesiones, las críticas, los errores fuera de la cancha.

Mientras preparaba su maleta para Brasilia, encontró una camiseta amarilla deslavada. Era la camiseta de la selección brasileña de la Copa de 2002, con el número 10 en la espalda. Pasó los dedos sobre la tela, sintiendo su textura, reviviendo el momento en que marcó aquel gol de tiro libre contra Inglaterra, cuando el mundo entero descubrió su sonrisa.

El avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Brasilia bajo un cielo de un azul casi irreal, típico de la meseta central. Ronaldinho observó por la ventana el diseño urbano de la capital, tan distinto de su Porto Alegre. Las líneas rectas, la arquitectura monumental, todo parecía calculado, planeado, lo contrario de su estilo de juego, siempre impredecible e intuitivo.

En la sala del aeropuerto, algunos fanáticos lo reconocieron. Una señora de unos 60 años se acercó tímidamente.

—Ronaldinho, ¿puedo tomarme una foto contigo? Mi nieto no lo va a creer.

Él sonrió, mostrando esa sonrisa característica que conquistó al mundo.

—Claro, claro. ¿Cómo se llama tu nieto?

—Gabriel. Juega en la escuelita del barrio y dice que quiere ser como tú....

La parte 2 está en los comentarios..

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