El Fiat 850 Coupé demostró que no hacían falta cientos de caballos de potencia para sentirse al volante de un verdadero deportivo italiano
El Fiat 850 Coupé demostró que no hacían falta cientos de caballos de potencia para sentirse al volante de un verdadero deportivo italiano.
Presentado en 1965, combinaba una carrocería elegante con motor trasero, tracción posterior y una caja manual de cuatro velocidades. Su pequeño propulsor de 843 centímetros cúbicos desarrollaba alrededor de 47 caballos y podía llevarlo hasta unos respetables 135 kilómetros por hora.
No ganaría un Gran Premio, pero era ligero, ágil y tenía suficiente carácter para convertir incluso el viaje a comprar pan en una pequeña aventura.
Por dentro era sencillo y acogedor. Oficialmente tenía asientos traseros, aunque parecían diseñados más para niños o pasajeros especialmente flexibles. El equipaje viajaba en la parte delantera, donde había espacio para lo esencial y poco más.
En 1968 apareció el Fiat 850 Sport Coupé, con un motor de 903 centímetros cúbicos, mayor potencia y cuatro faros delanteros que reforzaron todavía más su apariencia deportiva.
Su verdadero secreto nunca estuvo en la velocidad. Estaba en sus proporciones, en el sonido del motor detrás del conductor y en esa habilidad tan italiana para parecer rápido incluso cuando circulaba tranquilamente.
Hoy es una pequeña celebridad entre los automóviles clásicos. En concentraciones y rallies atrae cámaras, recuerdos y relatos de viajes que se vuelven un poco más extraordinarios cada vez que sus propietarios los cuentan.
El Fiat 850 Coupé no necesitaba ser el más poderoso. Le bastaba con hacer sonreír a quien lo conducía.
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