El fútbol suele darnos momentos que se quedan grabados en la memoria, pero lo que se vio al final del partido entre Noruega y Senegal va mucho más a...
El fútbol suele darnos momentos que se quedan grabados en la memoria, pero lo que se vio al final del partido entre Noruega y Senegal va mucho más allá de tres puntos en la tabla.
Al sonar el silbato, el entrenador noruego Ståle Solbakken no buscó las cámaras ni corrió hacia el banquillo; cruzó la cancha directo hacia las gradas para abrazar y besar a su esposa, Anniken. Para el mundo fue una imagen emotiva, pero para ellos dos, ese abrazo significaba que la vida había ganado la partida más difícil.
Para entender la fuerza de ese gesto hay que retroceder a marzo de 2001. En ese entonces, Solbakken era jugador del Copenhague. Durante un entrenamiento rutinario, su corazón se detuvo de golpe debido a un defecto cardíaco congénito. Fueron siete minutos de incertidumbre total en los que estuvo clínicamente muerto. Los médicos lograron reanimarlo a base de desfibrilador en la ambulancia, pero el panorama era desgarrador: entró en un coma de tres días y nadie sabía si despertaría, o en qué condiciones lo haría.
En casa, Anniken recibió esa llamada que nadie quiere contestar mientras cuidaba a sus dos hijos pequeños. El mensaje fue directo y devastador: la vida de su esposo colgaba de un hilo. Durante los días más oscuros en el hospital, con una lealtad a toda prueba, ella se mantuvo firme al pie de la cama. Incluso cuando el propio Solbakken, en un momento de extrema fragilidad, le asomó la idea de que rehiciera su vida si las secuelas eran graves, ella se negó a suelta su mano.
El colapso obligó a Solbakken a retirarse de las canchas a los 33 años y a vivir con un marcapasos, pero jamás se alejó del fútbol. Inició su carrera desde el banquillo, masticando derrotas dolorosas y procesos largos, hasta asumir el reto de dirigir a su selección.
Por eso, ese beso en la tribuna no fue solo el desahogo por un resultado deportivo. Fue el recordatorio de que hace más de dos décadas el destino intentó separarlos, y hoy, el fútbol y la vida les permitieron celebrar juntos una segunda oportunidad que se ganó con el corazón.
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