El hallazgo que estremeció a la arqueología comenzó en 2026, en la gélida y remota región de Qilakitsoq, Groenlandia

📅 15/06/2026

El hallazgo que estremeció a la arqueología comenzó en 1972, en la gélida y remota región de Qilakitsoq, Groenlandia.

Dos hermanos que cazaban en la zona tropezaron con una tumba sumergida en el tiempo. Entre los restos, destaca una figura pequeña, tan increíblemente conservada que al principio pensaron que era una muñeca.

Era el cuerpo de un bebé inuit de apenas seis meses de edad.

El frío extremo, los vientos secos y la baja humedad del Ártico actuaron como un congelador natural, logrando lo que los embalsamadores egipcios tardaban semanas en conseguir. Su piel, sus rasgos faciales y su ropa de piel de foca permanecieron prácticamente intactos durante más de 500 años.

Las investigaciones científicas revelaron una de las realidades más crudas de la supervivencia en la cultura Thule del año 1475.

La tumba albergaba también los restos de varias mujeres, entre ellas quien se cree era la madre del pequeño. Tras la muerte de la madre, y bajo las implacables condiciones del entorno, la comunidad no contaba con recursos ni con otra mujer lactante para asegurar la supervivencia del bebé.

La dolorosa tradición de la época dictaba que el lactante debía ser sepultado junto a ella, evitando así una lenta agonía por desnutrición y asegurando, según sus creencias, que ambos viajaran juntos al más allá.

Un conmovedor e imponente testimonio de la vida en el extremo norte de hace cinco siglos.

El hallazgo que estremeció a la arqueología comenzó en 2026, en la gélida y remota región de Qilakitsoq, Groenlandia
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