El mito de la bala Dumdum es uno de los errores históricos más comunes cuando se habla de tecnología militar

📅 24/05/2026

El mito de la bala Dumdum es uno de los errores históricos más comunes cuando se habla de tecnología militar. La cultura popular suele repetir que estas municiones, desarrolladas a finales del siglo XIX en el arsenal británico de Dumdum, en Calcuta, eran proyectiles de punta blanda diseñados para abrirse o expandirse como una flor al impactar. Sin embargo, el verdadero secreto de su comportamiento no radicaba en la expansión de la punta, sino en una física balística mucho más compleja basada en la distribución de su propio peso.

El diseño original de estos proyectiles hacía que fueran notablemente más pesados en su parte trasera. Al viajar por el aire mantenían una trayectoria estable, pero en el instante en que tocaban un objetivo, la punta ligera sufría un frenazo drástico mientras que la base pesada intentaba seguir avanzando por pura inercia. Este desequilibrio provocaba que la bala se desestabilizara por completo dentro del cuerpo y comenzara a dar volteretas. Al girar de forma errática sobre su propio eje, el proyectil transfería toda su energía de golpe. Esto reducía su capacidad de penetración profunda, pero generaba un canal de impacto masivo debido al trayecto descontrolado del metal.

Este tipo de comportamiento inestable y los daños que ocasionaba llevaron a una regulación internacional temprana. El uso militar de proyectiles que se deformaran o desestabilizaran fácilmente en el cuerpo humano quedó estrictamente restringido por la Declaración de La Haya de 1899, un tratado específico sobre el tema que sentó las bases para las normativas humanitarias posteriores en los conflictos armados. A pesar de estas prohibiciones en el ámbito militar formal, la idea de la bala inestable persistió en el diseño de armamento. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, el ejército japonés utilizó municiones que tendían a voltearse debido a la ligereza de sus núcleos, lo que llevó a soldados de otros frentes a improvisar modificaciones en sus propios cartuchos cortando las puntas para forzar un comportamiento similar en combate.

En el extremo opuesto de esta tecnología se encuentra el proyectil que se observa en la imagen adjunta: el cartucho italiano Carcano de 6.5 milímetros, mundialmente conocido por ser el calibre del rifle involucrado en el atentado contra el presidente John F. Kennedy. Las balas de este sistema se diseñaron bajo una premisa completamente contraria a la de los proyectiles inestables. Su estructura cuenta con una punta redondeada y sólida, con el peso concentrado hacia adelante y completamente envuelta en una chaqueta de metal rígida y gruesa.

Como se puede apreciar en el corte transversal de la base en la fotografía, la gruesa pared de cobre contiene por completo el núcleo de plomo macizo. Este blindaje perimetral fue diseñado específicamente para que el proyectil no se deformara, no se fragmentara y no diera volteretas al impactar. Su objetivo era mantener una trayectoria perfectamente recta y lograr una penetración profunda y limpia. Es precisamente esta extrema rigidez estructural y su resistencia a la deformación lo que explica desde el punto de vista técnico cómo el proyectil recuperado en el hospital, bautizado históricamente por los investigadores como la bala prístina, logró atravesar tejidos y elementos óseos manteniendo casi intacta su forma geométrica original.

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