El mundo cambia, y nosotros seguimos viviendo como siempre lo hemos hecho

📅 02/05/2026

El mundo cambia, y nosotros seguimos viviendo como siempre lo hemos hecho.

La historia del alca gigante ( Pinguinus impennis ) es un ejemplo en el que esto se hace particularmente evidente.

Estas aves habitaban las frías aguas del Atlántico Norte, a lo largo de las costas de Islandia, Groenlandia, Canadá y el norte de Europa. Formaban parte de la vida marina: pasaban casi toda su vida en el mar, se alimentaban de peces y eran excelentes buceadoras, capaces de sumergirse a gran profundidad para cazar. Solo salían a tierra para reproducirse.

En apariencia, se parecían a los pingüinos: compactos, blancos y negros, de cuerpos robustos. No podían volar, pero eran rápidos y seguros en el agua. Vivían en enormes colonias, a veces con decenas o cientos de miles de individuos, y ponían un solo huevo directamente sobre las rocas de las islas rocosas.

Su principal "escudo" era su falta de miedo. En estado salvaje, esto no suponía un problema: prácticamente no tenían depredadores terrestres. Pero con la llegada de los humanos, esta característica se convirtió en una vulnerabilidad.

Inicialmente, se les cazaba por su carne, grasa y huevos, de forma sencilla y masiva, sin dificultad. Luego entró en juego otro mecanismo: la rareza se convirtió en valor. Cuanto más escaseaban, más deseables se volvían para coleccionistas y museos. Y su desaparición se aceleró de forma natural.

El 3 de julio de 1844, la última pareja conocida de alcas fue abatida en la isla de Eldey, frente a la costa de Islandia. Estaban protegiendo un único huevo. Tras su muerte, la especie se extinguió.

Hoy en día solo quedan vestigios de ellos en los museos: entre 70 y 80 ejemplares en todo el mundo.

No hay una conclusión abrupta, y quizás eso sea lo más importante.

La desaparición rara vez se presenta como un evento. Casi siempre es un proceso al que nos acostumbramos. Al principio, disminuyen. Luego casi desaparecen. Finalmente, "ya no existen".

Vivimos con las consecuencias de este hábito: microplásticos por todas partes, restos de productos químicos en objetos cotidianos, el cambio climático ya forma parte de la normalidad.

Y esto no es una catástrofe puntual. Es simplemente la capacidad humana de adaptación.

Y un día te das cuenta:

estás mirando algo que ya no está ahí.

El mundo cambia, y nosotros seguimos viviendo como siempre lo hemos hecho
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