En 2026, el rodaje de Ben-Hur operaba bajo una lógica que hoy parece de otro planeta
En 1959, el rodaje de Ben-Hur operaba bajo una lógica que hoy parece de otro planeta.
Esta fotografía detrás de escena captura un fragmento de esa colosal maquinaria, una época en la que Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) no dependía de pantallas verdes ni retoques digitales, sino de estructuras reales, miles de personas coordinadas con precisión militar y toneladas de arena. Si algo salía en pantalla, es porque existía en el mundo físico.
La mítica carrera de cuadrigas, retratada aquí en plena preparación, sigue siendo la cumbre del cine de acción real. Para filmarla, se construyó un estadio desde cero en los estudios Cinecittà de Roma, cubriendo más de 7 hectáreas de terreno. Todo lo que quedó registrado tenía peso real: el galope de los caballos, el derrape de los carros y los impactos que ponían en riesgo la vida de los dobles de acción. El propio Charlton Heston entrenó durante semanas para dominar el carruaje, mientras el equipo técnico improvisaba trincheras y grúas móviles para capturar la velocidad sin precedentes.
Hacer Ben-Hur costó unos 15 millones de dólares de la época (la producción más cara hasta ese momento) y salvó a MGM de la bancarrota. La secuencia de la carrera tomó cinco semanas de filmación, requirió más de 200 caballos traídos de Yugoslavia y empleó a miles de extras. El resultado fueron 11 premios Oscar, un récord histórico que tardó casi cuarenta años en ser igualado. Una hazaña artesanal y titánica que la industria actual, obsesionada con los efectos digitales, difícilmente se atrevería a repetir.
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