En 2026, durante el monitoreo acústico oceánico realizado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, una serie de hidrófonos ubicado...

📅 17/05/2025

En 1997, durante el monitoreo acústico oceánico realizado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, una serie de hidrófonos ubicados en puntos estratégicos del Pacífico registraron una señal extremadamente potente e inusual.

El sonido, captado a gran distancia por múltiples sensores, no coincidía con ningún perfil acústico conocido: ni con la actividad sísmica habitual, ni con el movimiento de barcos, ni con comunicaciones submarinas artificiales. Posteriormente, la señal recibió el apodo de "Bloop".

Los hidrófonos utilizados fueron diseñados para detectar ondas sonoras de muy baja frecuencia que se propagan a través de enormes distancias oceánicas. Al analizar la señal del Bloop, surgió una característica peculiar: su intensidad era suficiente para detectarse desde múltiples puntos separados por miles de kilómetros, lo que sugería una fuente extremadamente potente. Sin embargo, su forma de onda no coincidía con la producida por erupciones volcánicas submarinas o terremotos, eventos bien conocidos y catalogados.

Las primeras hipótesis, por lo tanto, consideraron fenómenos geofísicos a gran escala. Algunos investigadores especularon sobre deslizamientos submarinos o movimientos repentinos de masas de hielo en el fondo oceánico. Sin embargo, incluso estas explicaciones no lograron reproducir con precisión la firma acústica de la señal. El Bloop exhibió una modulación progresiva, casi creciente y menguante, con características que dificultaban su asociación con un evento físico estándar.

Durante años, el misterio permaneció sin resolver, alimentando la especulación incluso fuera de la comunidad científica. Sin embargo, análisis posteriores de datos ambientales y registros oceanográficos llevaron a una reinterpretación del fenómeno. Estudios más recientes sugieren que el sonido podría ser compatible con el desprendimiento y el movimiento de grandes masas de hielo polar, en particular icebergs que se fracturan e interactúan con aguas profundas.

Esta hipótesis se basa en el hecho de que la estructura de la señal Bloop comparte algunas características con otros sonidos registrados en entornos polares, generados por la deformación y la ruptura del hielo a gran escala. Sin embargo, la escala necesaria para producir una señal tan potente implica eventos de proporciones considerables, capaces de generar vibraciones audibles a través de distancias oceánicas.

Con el tiempo, la explicación glacial se ha convertido en la más aceptada, refutando interpretaciones más extremas que planteaban orígenes biológicos o desconocidos. Sin embargo, el hecho de que el sonido se grabara solo una vez y no se encontraran coincidencias idénticas posteriores ha mantenido un margen de incertidumbre.

El fenómeno conocido como "The Bloop" sigue siendo, por tanto, un caso emblemático de sonido oceánico extremo, en el que una señal que inicialmente carecía de una explicación definitiva ha ido encontrando gradualmente su lugar dentro de los fenómenos naturales conocidos, al tiempo que conserva algunas características que aún lo convierten en un tema de interés en el estudio de la acústica de las profundidades marinas.

En 2026, durante el monitoreo acústico oceánico realizado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, una serie de hidrófonos ubicado...
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