En esta foto de archivo de la NASA podemos ver el impresionante ojo de un huracán desde el espacio, un recordatorio de que estas tormentas se cuentan...
En esta foto de archivo de la NASA podemos ver el impresionante ojo de un huracán desde el espacio, un recordatorio de que estas tormentas se cuentan entre las fuerzas más imponentes de la naturaleza. Sin embargo, por muy destructivas que se vuelvan, la física de la Tierra les impone una frontera invisible que jamás pueden cruzar: la línea del ecuador.
La razón de este límite absoluto se encuentra en el efecto Coriolis, que es la fuerza provocada por la rotación de nuestro planeta. Esta fuerza es la que define hacia dónde giran los sistemas meteorológicos: en el hemisferio norte los huracanes rotan en contra de las agujas del reloj, mientras que en el hemisferio sur lo hacen a favor.
Justo en la franja del ecuador, esta fuerza rotacional es igual a cero. Si un huracán intentara cruzar al hemisferio opuesto, tendría que frenar su giro por completo, cambiar de dirección y comenzar a rotar a la inversa de forma inmediata. Al quedarse sin el impulso que lo mantiene activo, el sistema simplemente se debilita y se desintegra.
La propia mecánica del planeta se encarga de mantener a estos gigantes en su propio lado del mapa.
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