En la Nueva Inglaterra colonial, nadie quería comer langosta
En la Nueva Inglaterra colonial, nadie quería comer langosta. Las langostas muertas que llegaban a la orilla olían fatal. En cuanto una langosta muere, una bacteria específica inicia el proceso de descomposición. Huele mal, sabe mal y puede provocar enfermedades. Las tribus indígenas usaban las langostas como fertilizante.
Si la gente los consumía, era en épocas de hambruna extrema, cuando ingerir algo que podía enfermarlos gravemente parecía una mejor alternativa que sufrir ya una posible insuficiencia orgánica. La inanición es brutal.
Posteriormente se descubrió que la carne de langosta es tierna y jugosa cuando se cocina viva o inmediatamente después de ser sacrificada. Esto convirtió a las langostas en un alimento comestible, y sus cadáveres dejaron de ser simplemente desechos marinos.
Este aspecto de la historia suele pasarse por alto. Numerosos relatos en internet afirman que las langostas fueron en su día alimento para los prisioneros, etc. Resulta sorprendente que no sepamos cómo las langostas se convirtieron en un alimento que la gente podía consumir sin peligro.
El ferrocarril hizo posible el transporte de langostas vivas. Esto permitió que llegaran a zonas del país donde nunca antes se habían consumido. Eran dulces y exóticas. La demanda solía superar la oferta, convirtiendo a las langostas en un artículo de lujo disfrutado principalmente por los ricos, a menos que vivieran cerca de la costa de Nueva Inglaterra.
Si cree que algún contenido infringe derechos de autor o propiedad intelectual, contacte en bitelchux@yahoo.es.
Copyright notice
If you believe any content infringes copyright or intellectual property rights, please contact bitelchux@yahoo.es.