En los arroyos de montaña de Japón acecha una criatura que parece sacada de una pesadilla medieval, pero que en realidad es solo un animal tímido l...
En los arroyos de montaña de Japón acecha una criatura que parece sacada de una pesadilla medieval, pero que en realidad es solo un animal tímido luchando por sobrevivir.
Cuando los lugareños japoneses hablan del ōsanshōuo, sus voces bajan a un susurro. Es tan largo como una persona, tan grande como un pequeño jabalí, con piel arrugada y ojos diminutos que casi no ven. En el folclore medieval, lo llamaban hanzaki, "el ser de dos mitades", o "pez pimienta gigante", porque emite una sustancia lechosa y acre cuando se siente amenazado. Las leyendas lo magnificaban hasta convertirlo en un monstruo casi sobrenatural, un yōkai, una presencia inquietante que habitaba en lugares donde los humanos no deberían aventurarse.
Pero tras ese nombre altisonante y esa reputación de criatura legendaria, se esconde simplemente una salamandra. La Andrias japonicus, la salamandra gigante más grande del mundo, junto con su pariente chino. Puede alcanzar los 1,5 metros de largo, pero es un animal tímido, nocturno y escurridizo, uno de los últimos representantes de los criptobránquidos, una familia de anfibios con raíces que se remontan a tiempos prehistóricos.
Fue descrito por primera vez en 1820 por el médico holandés Philipp Franz von Siebold, quien capturó un ejemplar cerca de Nagasaki y lo envió a Europa para su estudio. Hoy sabemos que vive exclusivamente en arroyos de aguas cristalinas y frías, donde se orienta mediante nódulos sensoriales en la cabeza, compensando su visión limitada. Se alimenta de pequeños animales acuáticos y, al carecer de depredadores naturales, puede vivir décadas. Un ejemplar en un zoológico holandés alcanzó los cincuenta y dos años.
Durante la época reproductiva, remonta los arroyos hacia las montañas para poner sus huevos, los más grandes de cualquier anfibio. Antiguamente, se pescaba y se consumía, pero hoy su captura está prohibida. Ya no se ve amenazado por los hombres con redes, sino por algo más silencioso y destructivo: la contaminación y las presas que alteran los cursos de agua.
Tras su reputación de criatura legendaria persiste un animal antiguo y vulnerable, un sobreviviente de épocas remotas que lucha por existir en un entorno cada vez más frágil. El ōsanshōuo no es un monstruo. Es simplemente un testigo del tiempo que se niega a desaparecer.
#fblifestyle
Si cree que algún contenido infringe derechos de autor o propiedad intelectual, contacte en bitelchux@yahoo.es.
Copyright notice
If you believe any content infringes copyright or intellectual property rights, please contact bitelchux@yahoo.es.