En una clínica veterinaria de São Paulo ocurrió una escena poco habitual
En una clínica veterinaria de São Paulo ocurrió una escena poco habitual.
El veterinario Luiz Guaraná, especialista en animales poco convencionales, se enfrentó a un paciente diminuto: una mantis religiosa herida.
La clínica donde trabaja, dedicada a mascotas exóticas, recibió de urgencia a una mantis hembra llamada Karla. El insecto había sufrido una caída desde un armario dentro de la casa de sus dueños, lo que le provocó una fractura en el abdomen.
Aunque pueda parecer sorprendente, algunos veterinarios también atienden insectos cuando son mantenidos como mascotas.
El caso representaba un verdadero desafío.
El cuerpo de una mantis es extremadamente frágil, y cualquier intervención requiere herramientas muy finas, pulso preciso y gran cuidado para evitar daños irreversibles. Aun así, el veterinario decidió intentar la operación.
Durante la cirugía logró reparar la zona lesionada y suturar el abdomen, un procedimiento muy delicado debido al tamaño del animal.
Después de la intervención, la mantis quedó en observación para evaluar su recuperación.
Según explicaron sus dueños, Karla no es el único insecto de la casa. Convive con otras mantis religiosas que también han sido criadas como mascotas, cada una con su propio nombre y comportamiento.
El propio veterinario describió la experiencia con una frase sencilla:
Fue todo un reto.
Casos como este muestran hasta qué punto la medicina veterinaria puede adaptarse a situaciones inesperadas, incluso cuando el paciente es tan pequeño que cabe en la punta de un dedo.
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