Esta es el arma utilizada para cambiar el rumbo de la historia: un fusil de cerrojo Mannlicher-Carcano, modelo 91/38 de calibre 6.5 mm y fabricación ...
Esta es el arma utilizada para cambiar el rumbo de la historia: un fusil de cerrojo Mannlicher-Carcano, modelo 91/38 de calibre 6.5 mm y fabricación italiana, equipado con una mira telescópica de cuatro aumentos. Lee Harvey Oswald la consiguió fácilmente por correo bajo el alias burdo de "Alek Hidell", enviándola a un apartado postal que él mismo había alquilado.
Tras disparar contra el presidente John F. Kennedy desde el sexto piso del Depósito de Libros Escolares de Texas, Oswald cometió el error de dejarla escondida entre unas cajas en el mismo edificio, lo que permitió al FBI rastrear el número de serie hasta él en cuestión de horas.
Al salir a la calle quedó en evidencia que, aunque planificó el ataque, era un pésimo fugitivo sin un plan de escape. No tenía vehículo esperándolo, así que subió a un autobús urbano, pero el caos del tiroteo colapsó el tráfico de Dallas, obligándolo a bajarse para tomar un taxi. En lugar de salir de la ciudad, cometió el error fatal de ir hacia su propia casa de huéspedes en el barrio de Oak Cliff, el primer lugar donde la policía lógicamente lo buscaría. Solo entró a recoger una chaqueta y un revólver para volver a deambular a pie. En el camino se topó con el oficial J.D. Tippit y lo asesinó a sangre fría, desatando una cacería humana masiva en la zona.
Preso del pánico y buscando un lugar oscuro donde esconderse de las sirenas, Oswald vio el Texas Theatre y se coló. Tenía casi 14 dólares en el bolsillo, por lo que no lo hizo para ahorrarse los 90 centavos de la entrada; detenerse en la taquilla implicaba dar la cara a la luz del día y perder segundos valiosos. Sin embargo, Johnny Brewer, el gerente de una zapatería cercana que lo venía observando por su actitud sospechosa, vio cómo se escabullía en el cine y alertó a la cajera, quien llamó a la policía. Minutos después, las luces de la sala se encendieron y la persecución del asesino de JFK terminó abruptamente en una de las butacas, acorralado por sus propios nervios y el rastro de desesperación que dejó en el camino.
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