Hay una forma de reproducción en la naturaleza que parece diseñada para una película de terror
Hay una forma de reproducción en la naturaleza que parece diseñada para una película de terror.
Las avispas parasitoides no solo ponen huevos. Muchas especies los depositan directamente sobre o dentro del cuerpo de otros insectos, especialmente orugas.
La víctima no muere de inmediato.
Ese es el punto más inquietante.
El cuerpo de la oruga se convierte en una despensa viva para las larvas. Cuando los huevos eclosionan, las crías comienzan a alimentarse de forma controlada, aprovechando los tejidos del huésped mientras este sigue con vida el mayor tiempo posible.
Algunas avispas incluso inyectan sustancias que paralizan parcialmente a la presa o alteran su sistema inmunológico, evitando que destruya los huevos. Otras manipulan el comportamiento del huésped, convirtiéndolo en una especie de guardián involuntario de las larvas.
Desde nuestra mirada parece cruel.
Pero desde la biología es una estrategia extremadamente eficiente.
La avispa no construye un nido seguro ni acumula alimento. Convierte a otro organismo en refugio, incubadora y reserva nutricional al mismo tiempo.
La naturaleza no siempre busca parecer amable.
Busca que la vida continúe.
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