James Rodríguez acababa de marcar el gol de la victoria cuando una figura inquietante apareció entre los aficionados
James Rodríguez acababa de marcar el gol de la victoria cuando una figura inquietante apareció entre los aficionados.
Era el 3 de octubre de 2012. El Oporto recibía al Paris Saint-Germain en el Estadio do Dragão por la fase de grupos de la Liga de Campeones.
El partido permaneció sin goles hasta el minuto 83.
Entonces, James recibió el balón dentro del área y remató con la pierna izquierda. Su disparo superó al portero Salvatore Sirigu y desató la celebración de miles de personas.
Mientras los jugadores corrían hacia una de las esquinas, el fotógrafo Paulo Duarte capturó el momento.
Al revisar la imagen, muchos dejaron de mirar a James.
En las gradas aparecía una figura alta y extremadamente delgada, vestida con camisa, corbata y chaqueta. Su rostro parecía hundido, su piel casi transparente y su cuerpo daba la impresión de flotar sobre los demás aficionados.
La fotografía comenzó a circular por internet y pronto recibió un nombre inevitable: “el fantasma del Dragão”.
Algunas personas afirmaban que parecía un hombre de otra época. Otras aseguraban que su rostro era semejante al de un cadáver sonriente.
Pero la escena tenía una explicación mucho más cercana al funcionamiento de una cámara que al mundo paranormal.
La fotografía fue tomada en medio de una celebración, con cientos de personas moviéndose, levantando los brazos y superponiéndose unas con otras. El desenfoque, la iluminación del estadio y la posición de varios cuerpos pudieron deformar la apariencia de un aficionado hasta convertirlo en aquella silueta.
La ropa tampoco pertenecía necesariamente a otra época. Una camisa, una chaqueta y una corbata podían formar parte de la vestimenta habitual de cualquier espectador.
La imagen quedó congelada en el instante exacto en que el movimiento y la perspectiva crearon algo que el ojo humano interpretó como imposible.
El Oporto ganó 1-0 y James Rodríguez se convirtió en el protagonista deportivo de la noche.
Sin embargo, años después, muchos siguen recordando aquel partido por el extraño espectador que apareció detrás de su celebración.
No era necesario que hubiera un fantasma en el estadio.
Bastó una fracción de segundo, una multitud en movimiento y una cámara situada en el ángulo perfecto para crear una de las imágenes más inquietantes de la historia del fútbol.

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