Josefina era una niña de 9 años que acudió a su primer día de colegio muy contenta de recibir sus lecciones, con sus cuadernos en una caja de cere...
Josefina era una niña de 9 años que acudió a su primer día de colegio muy contenta de recibir sus lecciones, con sus cuadernos en una caja de cereales y una botella gigante de Coca-Cola llena de agua, descalza y con el pelo no muy bien peinado.
Sus padres se habían esforzado mucho para que pudiera ir a clase el primer día de colegio contenta, pero nunca consiguieron los zapatos que los políticos le habían prometido durante la campaña y, cuando entró en el aula, la profesora, que estaba sentada, se bajó las gafas y observó a aquella criatura tan feliz sacar sus cosas de la caja de Cornflakes y su botella de agua, sonrió a sus compañeros y finalmente se sentó.
La maestra se puso de pie, la miró y le preguntó: "¿Cómo te llamas, niña?". Ella respondió muy contenta: "Me llamo Josefina, maestra, que Dios me bendiga".
La profesora, con un libro en la mano, le dijo: Lo siento, pero hoy no podrás asistir a mis clases.
La niña, mirando a la maestra con su rostro ya entristecido y tomando la pequeña caja de Corn Flakes con sus materiales dentro, le preguntó: ¿Pero por qué, maestra?
La maestra señaló sus pies polvorientos y dijo: No recibirás mi clase descalza, debes ser pobre pero con dignidad.
Josefina, con lágrimas en los ojos, bajó la cabeza y comenzó a caminar lentamente hacia la puerta. Se le cayó la botella de agua, que se rompió. Rápidamente colocó el dedo sobre la parte dañada para evitar que cayera, y finalmente salió por la puerta.
Mientras estaba en la acera, la maestra le cerró la puerta y, justo cuando estaba a punto de mostrar su encanto característico a la clase, notó que varios niños y niñas estaban haciendo algo muy inusual.
Todos los niños se quitaron los zapatos y los calcetines y comenzaron a salir, y la maestra les preguntó: ¿qué están haciendo esto?, sin responder nada abrieron la puerta y salieron a rodear a esa niña con la caja de Corn Flakes y descalzos, y algunos le dijeron: te queremos Josefina.
La maestra, al ver este acto de nobleza y solidaridad de sus alumnos, rompió a llorar, se quitó los zapatos de tacón alto y salió a abrazar a La Niña, diciendo:
Perdóname, Josefina, y perdóname, niños. De ahora en adelante, todos podrán venir a mis clases, y yo seré quien le compre zapatos a Josefina y una mochila.
Los niños son la mejor imagen de un ser humano, cultivan los sentimientos más bellos y nobles porque provienen de orígenes auténticos...
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