La guerra de las marcas en los años 80 llegó a un nivel ridículo: llevar la competencia por el mercado de los refrescos al espacio exterior
La guerra de las marcas en los años 80 llegó a un nivel ridículo: llevar la competencia por el mercado de los refrescos al espacio exterior.
En 1985, Coca-Cola y Pepsi gastaron una fortuna estimada en 14 millones de dólares de la época para desarrollar latas especiales que pudieran funcionar en gravedad cero. El plan era que los astronautas del transbordador Challenger probaran las bebidas en órbita, convirtiendo el espacio en el escenario publicitario definitivo.
El resultado fue un fracaso absoluto por una razón física muy simple en la que nadie pensó a tiempo: la carbonatación.
En la Tierra, la gravedad hace que las burbujas de gas suban y se separen del líquido al abrir el envase. Pero en el espacio, sin gravedad, el gas permanece atrapado dentro del refresco. Al consumirlo, los astronautas ingerían una masa compacta de líquido y dióxido de carbono que se quedaba atrapada en el estómago, provocando una incomodidad digestiva extrema y gases que no tenían forma de salir de manera natural.
A los astronautas no les gustó la experiencia y las latas espaciales terminaron archivadas como uno de los experimentos de marketing más caros, incómodos y menos prácticos de la historia de la ciencia.
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