La justicia no siempre se paga con billetes, a veces se salda con el sudor del trabajo más honesto
La justicia no siempre se paga con billetes, a veces se salda con el sudor del trabajo más honesto.
Frente al palacio de justicia Bulwagan ng Katarungan, en la ciudad de Sorsogon, Filipinas, el abogado Noel Allen Bose posó para una fotografía que se volvió viral por una razón muy poderosa: en su mano izquierda llevaba su maletín de trabajo y en la derecha, un manojo de cangrejos frescos.
Ese día, tras defender a su cliente en una audiencia, llegó el momento de liquidar la tarifa por comparecencia, conocida localmente como appearance fee. El cliente, un pescador de la zona, se acercó al abogado con total honestidad para confesarle que no tenía dinero en efectivo para cubrir sus honorarios. En lugar de eso, le ofreció lo único valioso que poseía en ese momento: la captura del día que había conseguido con su propio esfuerzo.
Lejos de rechazar el gesto o exigir un método de pago convencional, el abogado aceptó los cangrejos de inmediato, entendiendo la realidad de su cliente. Más tarde, al compartir la imagen en sus redes sociales, Bose bromeó diciendo que ya tenía listos sus medicamentos para el ácido úrico y la hipertensión, asegurando que disfrutaría la cena.
Este caso real demuestra que el ejercicio del derecho no siempre se reduce a contratos fríos y transacciones financieras. Cuando la empatía se antepone al interés económico, la profesión recupera su sentido más humano y nos recuerda que el respeto mutuo y la palabra dada siguen teniendo un valor incalculable.
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