La naturaleza posee arquitectos fascinantes, pero pocos tan minuciosos como las larvas de los tricópteros (caddisflies)
La naturaleza posee arquitectos fascinantes, pero pocos tan minuciosos como las larvas de los tricópteros (caddisflies).
Estos pequeños insectos acuáticos construyen sus propios estuches protectores utilizando seda y cualquier material que encuentren en el lecho del río para mantenerse a salvo de los depredadores.
Inspirado por este comportamiento biológico, el artista francés Hubert Duprat llevó este instinto a un nivel extraordinario. Desde la década de 1980, Duprat cría estas larvas en entornos controlados donde sustituye la arena y las ramas por pepitas de oro, perlas, zafiros y rubíes.
Sin necesidad de instrucciones, el insecto recolecta las piezas preciosas y las ensambla con la misma precisión con la que lo haría en la naturaleza. El resultado es una joya orgánica y única: una escultura diminuta creada por la colaboración entre el diseño humano y la ingeniería animal.
Cuando la larva completa su metamorfosis y abandona el estuche, deja atrás una obra de arte que desafía la frontera entre la joyería y la biología.
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