La naturaleza tiene historias que parecen sacadas de una película de terror, y el virus del papiloma de Shope es, sin duda, una de las más inquietan...
La naturaleza tiene historias que parecen sacadas de una película de terror, y el virus del papiloma de Shope es, sin duda, una de las más inquietantes. Solo basta observar las imágenes de los ejemplares afectados para sentir un escalofrío inmediato.
Este virus afecta exclusivamente a conejos y liebres, miembros del orden Lagomorpha. Su característica más impactante es la formación de crecimientos queratinizados en la cara, la cabeza y el cuello del animal. Estas estructuras, duras como cuernos, penetran la piel y se expanden con una fuerza tal que terminan deformando la apariencia del huésped de manera dramática.
El problema no es solo estético. Estos tumores pueden desarrollarse bajo la piel cerca de los oídos o el cerebro, provocando desorientación, inclinaciones anormales de la cabeza e inestabilidad al moverse. Sin embargo, el riesgo más letal ocurre cuando los "cuernos" crecen alrededor de la boca: muchos conejos pierden la capacidad de alimentarse y terminan muriendo de hambre.
A pesar de lo aterradora que resulta la infección, no siempre es una sentencia de muerte. Solo el 25% de los casos se vuelven malignos. En las situaciones más favorables, la condición remite después de seis meses y el animal desarrolla inmunidad, aunque las secuelas físicas suelen ser permanentes.
Es fascinante y triste a la vez notar cómo la biología explica el folclore. Es muy probable que los avistamientos de conejos con estos crecimientos cancerosos dieran origen al mito del Jackalope en Estados Unidos. A veces, la realidad detrás de la leyenda es mucho más cruda de lo que imaginamos.
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