Las imágenes de miles de personas refugiadas en el metro de Kiev nos recuerdan una verdad histórica: la arquitectura del siglo XX se diseñó pensan...
Las imágenes de miles de personas refugiadas en el metro de Kiev nos recuerdan una verdad histórica: la arquitectura del siglo XX se diseñó pensando en la supervivencia.
El sistema de transporte subterráneo de la capital ucraniana, inaugurado en 1960 durante la era soviética, no solo se planeó para mover millones de pasajeros, sino también para funcionar como un gigantesco búnker capaz de resistir ataques aéreos a gran escala.
En las profundidades de la ciudad se encuentra Arsenalna, reconocida históricamente como la estación de metro más profunda del mundo, ubicada a 105.2 metros bajo el nivel del suelo.
Una proeza de la ingeniería que, décadas después de su construcción, volvió a cumplir su propósito original de resguardo.
Para muchos civiles, este escenario ya formaba parte de los planes de contingencia. Escuelas y comunidades locales habían recibido capacitaciones previas sobre cómo evacuar de manera ordenada hacia las estaciones subterráneas en caso de emergencia.
Cuando las sirenas de alerta comenzaron a sonar, las familias se desplazaron hacia los andenes cargando equipaje básico, suministros y a sus mascotas, transformando los pasillos de tránsito rápido en hogares temporales. Para facilitar el flujo y garantizar la seguridad de los ciudadanos, las autoridades locales detuvieron la operación comercial en varias estaciones clave, convirtiendo oficialmente la red de transporte en una red de refugios humanitarios.
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