Muhammad Ali tenía todo lo que un hombre podría desear: una fortuna inmensa, un carisma magnético, habilidades atléticas sobrehumanas y millones d...

📅 26/04/2026

Muhammad Ali tenía todo lo que un hombre podría desear: una fortuna inmensa, un carisma magnético, habilidades atléticas sobrehumanas y millones de seguidores en todo el planeta. Las encuestas de su época llegaron a posicionarlo como la persona más famosa del mundo, superando incluso el impacto de Elvis Presley.

La última fotografía que se conoce de él refleja la fragilidad de los años finales de un hombre que alguna vez pareció invencible.

Su historia comenzó con un incidente común. Cuando era un niño, le robaron su bicicleta y, enfurecido, prometió que golpearía al ladrón si lo encontraba. Un policía local le dio el mejor consejo de su vida: primero debía aprender a pelear.

Cassius Clay entró a un gimnasio de boxeo y seis años después, siendo todavía un adolescente, conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Cuatro años más tarde, con apenas 22 años, se coronó campeón mundial de los pesos pesados tras vencer a Sonny Liston.

Fuera del ring, transformó el negocio del deporte. Inspirado por el espectáculo de la lucha libre, adoptó una personalidad provocadora, rápida y ruidosa que le valió el apodo de "el Bocazas de Louisville". Logró que el boxeo alcanzara niveles de popularidad nunca antes vistos. Con Ali no había términos medios: se le amaba con devoción o se le odiaba con fuerza.

Sin embargo, la gloria deportiva exigió un precio muy alto. Los combates legendarios contra rivales de la talla de Joe Frazier, George Foreman y Ken Norton dejaron una huella profunda. A finales de la década de 1970, el hombre que ya había cambiado su nombre a Muhammad Ali comenzó a mostrar los primeros síntomas del síndrome de Parkinson, una condición neurodegenerativa vinculada directamente a los golpes recibidos en la cabeza.

A pesar de las señales de alarma y de que sus movimientos ya no tenían la velocidad de antes, Ali continuó subiendo al cuadrilátero. Cuando el retiro se volvió inevitable, su enfoque cambió por completo y trasladó su mentalidad de campeón hacia las causas humanitarias.

Durante sus años de retiro, financió la entrega de millones de raciones de comida en regiones vulnerables de África, apoyó activamente la educación de jóvenes afroamericanos a través del United Negro College Fund y utilizó su enorme influencia global para misiones diplomáticas de alto riesgo, como la negociación directa con Saddam Hussein en 1990 para lograr la liberación de rehenes estadounidenses en Irak. Incluso, en un episodio célebre en Los Ángeles, intervino de manera personal para convencer a un joven de no saltar desde la ventana de un edificio.

En la etapa final de su vida, el daño cerebral afectó su capacidad para hablar y provocó los temblores severos característicos de su condición. Su salud se volvió sumamente vulnerable, enfrentando recurrentes complicaciones respiratorias. Muhammad Ali falleció el 3 de junio de 2016 a los 74 años, tras ser ingresado por problemas sépticos. Su figura permanece no solo como la de un atleta irrepetible, sino como un símbolo de resistencia y convicción social que trascendió por completo las fronteras del deporte.

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