No se mueve, no se alimenta
No se mueve, no se alimenta.
Su función es una sola: poner huevos.
La reina de las termitas es una de las máquinas reproductivas más extremas de nuestro planeta.
Inicia su existencia como una termita común, pequeña y ágil.
Sin embargo, tras el apareamiento, ocurre algo extraordinario...
Su abdomen comienza a inflarse, de manera lenta pero constante.
Dentro de su cuerpo en expansión, los ovarios se extienden por cada segmento.
Ella es capaz de producir más de 20,000 huevos diariamente.
Su abdomen se agranda hasta alcanzar el tamaño de un dedo humano,
mientras que su cabeza permanece diminuta, propia de un insecto.
Queda inmóvil.
No puede moverse.
No puede alimentarse por sí misma.
Solo puede recibir cuidados de los trabajadores leales: alimentándola, limpiándola y cuidándola.
La piel de su cuerpo se estira, formando profundos pliegues.
La capa exterior se vuelve más delgada.
Y si la producción de huevos supera la capacidad de los trabajadores para manejarlos,
los huevos pueden comenzar a dañar su cuerpo desde adentro.
Algunas reinas colapsan, destruidas por su propia prolificidad.
La colonia eventualmente desecha su cuerpo.
¿Y el rey? Solo busca una nueva compañera.
El ciclo se reinicia.
Esto no es un fallo del sistema.
Es parte del sistema mismo.
La reina es simplemente un útero viviente.
Y cuando ese útero falla,
ella muere, en silencio, en medio del reino que ella misma ayudó a crear.
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