No toda la miel es inofensiva
No toda la miel es inofensiva.
Cuando las abejas recolectan néctar y polen de ciertos rododendros, como Rhododendron ponticum y Rhododendron luteum, pueden producir una miel tóxica conocida por causar un efecto tan extraño como peligroso. La responsable es la grayanotoxina, una sustancia natural que puede provocar mareos, vómitos, diarrea, confusión, visión alterada, pulso muy lento e incluso pérdida del conocimiento.
Este fenómeno no es nuevo. Uno de los relatos más antiguos lo dejó Jenofonte, quien contó que, en el 401 a. C., soldados griegos que atravesaban la región del mar Negro comieron miel encontrada en el camino y poco después comenzaron a vomitar, desorientarse y caer al suelo sin poder mantenerse en pie.
Décadas más tarde, en el 69 a. C., la misma sustancia habría sido usada como arma. En la campaña de Pompeyo, tropas enemigas dejaron miel tóxica a lo largo de la ruta de marcha y, cuando los soldados quedaron aturdidos, aprovecharon para atacarlos.
Lo más inquietante es que no hablamos de una leyenda ni de una mezcla artificial. Es miel real, producida por flores reales, capaz de convertir algo asociado con lo natural y lo saludable en una trampa química.
La naturaleza no siempre es amable.
Muchas veces solo es eficaz.
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