Parece demasiado pequeño para sobrevivir al invierno, pero la musaraña de cola corta del norte juega con otras reglas

📅 10/07/2025

Parece demasiado pequeño para sobrevivir al invierno, pero la musaraña de cola corta del norte juega con otras reglas.

Blarina brevicauda tiene un metabolismo feroz: su corazón puede superar las 900 pulsaciones por minuto, necesita comer con enorme frecuencia y, como otras musarañas, no puede pasar mucho tiempo sin alimento. Además, es uno de los pocos mamíferos venenosos conocidos. Su saliva contiene blarina toxin, una toxina capaz de inmovilizar presas que a veces son casi tan grandes como ella.

Y ahí aparece su estrategia más inquietante. En lugar de matar siempre de inmediato, puede paralizar a la presa y arrastrarla a su madriguera, donde queda como una especie de despensa viviente. Ese detalle le da una ventaja enorme cuando el suelo está helado y escasean los insectos más accesibles: la comida sigue ahí, fresca, esperando. Este comportamiento de almacenar presas vivas o inmovilizadas ha sido descrito desde hace décadas en la especie.

Algunas investigaciones sobre musarañas de cola corta también apuntan a que en invierno reducen masa corporal, en línea con el llamado fenómeno de Dehnel, una adaptación rara en mamíferos que ayuda a bajar el costo energético en la estación más dura. No hiberna, no se detiene y no espera a que el clima mejore: sobrevive porque convierte el invierno en una guerra de consumo, veneno y eficiencia.

Una criatura diminuta, nerviosa y casi invisible…

que guarda comida viva bajo tierra para no morir de hambre.

Parece demasiado pequeño para sobrevivir al invierno, pero la musaraña de cola corta del norte juega con otras reglas
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