Parece una ciudad salida de otra época, suspendida entre la roca y el mar
Parece una ciudad salida de otra época, suspendida entre la roca y el mar.
Monemvasia, conocida como el “Gibraltar de Oriente”, es una ciudad fortificada situada en una enorme roca frente a la costa del Peloponeso, en Grecia. Fue fundada en el siglo VI como refugio ante invasiones, y su propio nombre significa “una sola entrada”, en referencia al estrecho acceso que la conecta con tierra firme.
Durante siglos fue mucho más que una fortaleza. Se convirtió en un importante centro comercial y marítimo, codiciado por distintas potencias. Pasó por manos bizantinas, francas, venecianas y otomanas, cada una dejando su huella en sus murallas, iglesias y callejuelas de piedra.
Su ubicación no era casual. Desde esa roca se dominaba el mar, lo que la volvió estratégica en distintos conflictos, incluida la Guerra de Independencia griega.
Hoy, lejos de la guerra, Monemvasia atrae por algo distinto: su atmósfera medieval intacta. Caminar por sus calles es como retroceder en el tiempo, entre iglesias antiguas, casas de piedra y vistas abiertas al mar Egeo.
Un lugar donde la historia no está en los libros.
Está en cada pared.
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