Parece una criatura sacada de una película de ciencia ficción de los años ochenta
Parece una criatura sacada de una película de ciencia ficción de los años ochenta.
Comienza su vida como un extraño huevo gelatinoso oculto bajo las hojas secas de los bosques.
Pero cuando madura, la masa se rompe y emerge algo perturbador.
De su interior brotan varios tentáculos de un color rojo intenso que se estiran en todas direcciones.
Por eso se le conoce popularmente como el hongo calamar o los dedos del diablo.
Su nombre científico es Clathrus archeri y es un visitante relativamente nuevo en Europa.
Llegó desde Australia y Nueva Zelanda poco antes de la Primera Guerra Mundial, probablemente camuflado en los cargamentos de lana que abastecían a los ejércitos.
Quienes lo han encontrado en la naturaleza coinciden en algo.
Lo primero que te advierte de su presencia no es su aspecto visual, sino su olor.
Despide un aroma fétido que imita a la perfección la carne en descomposición.
Para un ser humano, este hedor es insoportable y una señal clara para alejarse.
Para los insectos carroñeros, es una invitación irresistible a un festín.
Las moscas aterrizan sobre sus brazos rojizos atraídas por el engaño y se impregnan de una sustancia viscosa que contiene las esporas del hongo.
Al volar hacia otros lugares, transportan la carga sin darse cuenta, asegurando la expansión de la especie.
Una estrategia de supervivencia tan desagradable como perfecta, donde la naturaleza utiliza el asco de unos y el entusiasmo de otros para seguir viva.
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