Parece una flor delicada, pero es una cazadora perfectamente disfrazada
Parece una flor delicada, pero es una cazadora perfectamente disfrazada.
La mantis orquídea (Hymenopus coronatus) es una de las especies más fascinantes del sudeste asiático. Su cuerpo blanco o rosado, sus patas ensanchadas como pétalos y su postura inmóvil hacen que parezca parte de una flor.
Pero esa belleza no está hecha solo para esconderse.
También sirve para atraer.
Muchos insectos se acercan creyendo que han encontrado una flor donde alimentarse. Cuando están lo bastante cerca, la mantis ataca con una velocidad impresionante, atrapándolos con sus patas delanteras espinosas.
Durante mucho tiempo se creyó que imitaba específicamente a una orquídea, pero en realidad su camuflaje funciona de forma más amplia: parece una flor llamativa dentro del entorno tropical. Y eso basta para engañar tanto a presas como a depredadores.
Las hembras suelen ser más grandes y vistosas, mientras que los machos son más pequeños y delgados. Aunque algunas personas las crían en cautiverio por su belleza, su verdadero lugar está en los bosques húmedos donde la evolución la convirtió en una de las ilusiones más elegantes de la naturaleza.
No es una flor.
Es una trampa viva con forma de pétalo.
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