Parece una pequeña piedra negra caminando sobre la tierra, pero es uno de los insectos más resistentes que se han estudiado
Parece una pequeña piedra negra caminando sobre la tierra, pero es uno de los insectos más resistentes que se han estudiado.
Se llama Phloeodes diabolicus, aunque se le conoce como escarabajo acorazado diabólico o “diabolical ironclad beetle”. Vive en zonas secas del suroeste de Estados Unidos y, a diferencia de muchos escarabajos, no puede volar. Su defensa no está en escapar, sino en resistir.
Su exoesqueleto es tan duro que puede soportar una fuerza cercana a 39.000 veces su propio peso. En pruebas de laboratorio, los investigadores observaron que su cuerpo resistía alrededor de 150 newtons antes de empezar a fracturarse.
El secreto está en sus élitros, las cubiertas rígidas que en otros escarabajos protegen las alas. En esta especie se fusionaron hasta formar una coraza. La unión central funciona como piezas de rompecabezas entrelazadas: en vez de romperse de golpe, distribuye la presión y se separa lentamente por capas.
Por eso incluso los entomólogos han tenido problemas para atravesar su caparazón con alfileres de colección.
Lo más sorprendente es que este pequeño insecto no solo inspira curiosidad. Ingenieros y científicos lo estudian para diseñar materiales más resistentes, uniones más seguras y estructuras capaces de soportar presión sin fallar de manera catastrófica.
A veces, la naturaleza esconde sus mejores planos de ingeniería en criaturas que parecen insignificantes.
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