Parecen unas chanclas colocadas sobre pequeños bloques de madera, pero durante siglos ayudaron a los japoneses a caminar sin hundir los pies en el ba...
Parecen unas chanclas colocadas sobre pequeños bloques de madera, pero durante siglos ayudaron a los japoneses a caminar sin hundir los pies en el barro.
Se llaman geta y forman parte del calzado tradicional de Japón.
Su estructura habitual consiste en una plataforma de madera llamada dai, sostenida por dos piezas inferiores conocidas como ha, que significa “dientes”. El pie se sujeta mediante una tira de tela denominada hanao, colocada entre los dedos de una forma parecida a las sandalias modernas.
La altura no era simplemente decorativa.
Antes de la pavimentación y de los sistemas modernos de drenaje, muchos caminos podían llenarse de agua, lodo y residuos. Los soportes de madera mantenían los pies, los calcetines y el borde de la ropa alejados del suelo húmedo.
También resultaban fáciles de poner y quitar. Esto encajaba con la costumbre japonesa de dejar el calzado en la entrada para evitar que la suciedad de la calle llegara a los espacios interiores, especialmente a las habitaciones cubiertas con tatami, donde las personas se sentaban y extendían sus futones para dormir.
Las geta no deben confundirse con todo el calzado tradicional japonés. Las zōri eran sandalias más planas, fabricadas originalmente con fibras vegetales, mientras que las waraji eran resistentes sandalias de paja utilizadas por viajeros, campesinos y guerreros durante recorridos largos.
Por eso, no existía un único “zapato de samurái”. El tipo de calzado dependía del clima, el terreno, la actividad y la posición social de quien lo llevaba.
Algunas geta eran sencillas y estaban destinadas al uso cotidiano. Otras se lacaban, decoraban o elevaban hasta alcanzar alturas sorprendentes, como las utilizadas por ciertas cortesanas del periodo Edo.
Hoy ya no son el calzado habitual de las calles japonesas, pero continúan apareciendo durante festivales y celebraciones, especialmente acompañando al yukata.
Su característico golpeteo sobre el suelo conserva el sonido de una época en la que caminar por Japón significaba avanzar sobre madera, unos centímetros por encima del barro.
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