Pides un taxi por aplicación, ves que tu conductor ya aceptó el viaje y, de pronto, aparece en la pantalla una foto tan perturbadora que prefieres c...
Pides un taxi por aplicación, ves que tu conductor ya aceptó el viaje y, de pronto, aparece en la pantalla una foto tan perturbadora que prefieres cancelar.
Eso fue exactamente lo que algunos usuarios denunciaron en China con los llamados “taxistas fantasma”.
El truco era perverso y muy simple. Algunos conductores usaban imágenes inquietantes para incomodar al pasajero y empujarlo a cancelar por miedo o desconfianza. Con cada cancelación cobraban una pequeña comisión. Repetido muchas veces al día, el engaño se convertía en negocio.
Pero no se quedaban solo en eso.
En otros casos, aceptaban el servicio y nunca llegaban, obligando al cliente a cancelar. Y en los peores, iniciaban el trayecto sin recoger a nadie, como si el pasajero ya estuviera dentro del vehículo, cobrando un viaje que jamás ocurrió.
Lo más inquietante no fue el dinero.
Fue descubrir que, en una plataforma basada en la confianza, bastó una foto extraña, un coche que no aparecía y un mapa mintiendo en tiempo real para convertir un viaje común en una estafa digital.
La tecnología hace la vida más fácil.
Hasta que alguien aprende a usarla para manipular el miedo.
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