Rose Marie Bentley, una anciana neoyorquina que se acerca a su centenario, decidió donar su cuerpo a la investigación científica
Rose Marie Bentley, una anciana neoyorquina que se acerca a su centenario, decidió donar su cuerpo a la investigación científica.
Cuando, tras su muerte a los 99 años, investigadores de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón en Portland encontraron su cadáver en la mesa de disección, descubrieron algo casi increíble: durante toda su vida, había vivido con una disposición interna de sus órganos completamente invertida, sin que nadie, ni siquiera ella, se diera cuenta.
Su afección, conocida como situs inversus con levocardia, implica una especie de reflejo en espejo del sistema abdominal: el hígado, el estómago y otros órganos se encuentran en el lado opuesto al normal, mientras que el corazón permanece anclado en su posición habitual, en el lado izquierdo del pecho.
Cameron Walker, profesor de anatomía en la universidad, explicó que un caso así es casi una imposibilidad estadística: una probabilidad de una entre 50 millones, y la mayoría de las personas afectadas no sobreviven a la infancia, con tasas de supervivencia que oscilan entre el 5% y el 13% después de los cinco años.
Sin embargo, Rose Marie vivió casi un siglo en excelente estado, sin que médicos ni familiares sospecharan nada. La única pista, que permaneció aislada e ignorada, se remonta a su juventud: durante una operación de apendicitis, el cirujano observó con asombro que había encontrado el apéndice en un lugar completamente inesperado.
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