SAN JUAN, LA NOCHE (DE BRUJAS) QUE LA IGLESIA NO PUDO APAGAR
SAN JUAN, LA NOCHE (DE BRUJAS) QUE LA IGLESIA NO PUDO APAGAR... Y SE APROPIÓ
Esta historia se podría resumir en "cómo los curas convirtieron la fiesta pagana más descarada del año en la vigilia de un santo".
Hay dos maneras de acabar con una fiesta que no te gusta. La primera es prohibirla. La segunda, la única que funciona, es apropiártela. La Iglesia lleva dos mil años practicando la segunda con una pericia que ya la quisieran los mejores tiburones del marketing moderno. Y la noche de San Juan es su obra maestra.
Cuando el cristianismo fue consolidándose por la Europa bárbara, se encontró con un obstáculo: cada 21 de junio, con la puntualidad del solsticio, los pueblos germánicos, celtas y eslavos se lanzaban a quemar hogueras, bailar hasta el amanecer, saltar sobre las llamas y hacer todo aquello que se hace cuando no hay ni televisión, ni wifi y muchas ganas de juerga. Era el pico de gloria del sol antes de que la luz empezara a menguar. Fuego contra la oscuridad que venía. Magia, sexo, hierbas con propiedades sospechosas y brujas campando por sus respetos.
Los obispos lo intentaron, claro. Prohibieron las hogueras, amenazaron con el infierno a quien saltara sobre ellas, argumento difícil de vender cuando la gente lleva siglos saltando y el infierno sigue sin presentarse a la cita. Escribieron cartas furibundas, celebraron concilios, montaron el número... Y nada de nada.
Hacia el siglo IV, algún cerebro privilegiado de la curia comprendió que no puedes suprimir un instinto, pero sí redirigirlo. Si no puedes con tu enemigo, únetelo, ponle una túnica y dale un nombre santo. Eligieron a Juan el Bautista, que tenía una ventaja única: es de los pocos santos cuyo nacimiento celebra la Iglesia, no su muerte. Y para colocarlo el 24 de junio, los padres de la Iglesia realizaron una pirueta teológica digna de un trapecista: el Evangelio de Lucas menciona que Juan nació seis meses antes que Jesús. Si Jesús nació el 25 de diciembre (fecha que, casualmente, los romanos celebraban como el "Sol Invictus" y el solsticio de invierno), el cálculo da 24 de junio. Solsticio de verano. Qué providencia tan matemática, ¿verdad? El resultado fue impecable: la noche de brujas más salvaje del calendario pagano quedó convertida en vigilia de un santo respetable. Los campesinos siguieron con sus hogueras y sus ritos de fertilidad, pero ahora, técnicamente, lo hacían en honor a San Juan. Todos contentos.
Han pasado dieciséis siglos desde que la Iglesia empezó a intentar meter en cintura estas hogueras. La noche de San Juan, en cientos de playas y plazas, la gente volverá a saltar sobre el fuego, escribirá en papeles lo que quiere quemar del año pasado y se bañará en el mar buscando purificación, magia o, simplemente, una excusa para beber.
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