¿Se acuerdan cuando la música no estaba en una nube, sino en una cinta magnética que rebobinábamos con un bolígrafo Bic
¿Se acuerdan cuando la música no estaba en una nube, sino en una cinta magnética que rebobinábamos con un bolígrafo Bic?
Quienes crecieron en los años 80 y 90 recuerdan perfectamente la magia de salir a la calle con auriculares de esponja naranja y un reproductor enganchado al pantalón. Era la libertad absoluta de elegir la banda sonora de tu vida por primera vez.
El 1 de julio de 1979, Sony cambió las reglas del juego para siempre al presentar el Walkman. Su impacto cultural fue tan masivo que su nombre bautizó a toda una generación de dispositivos. Sin embargo, en la era dorada del audio portátil, la verdadera batalla por la perfección técnica y el diseño más urbano se libraba contra un rival formidable: Aiwa. Mientras Sony dominaba el mercado masivo, Aiwa se convirtió en la marca de culto para los más exigentes, ofreciendo ecualizadores avanzados, auto-reverse y una fidelidad de sonido impresionante que competía codo a codo por el trono.
Esta legendaria rivalidad se coló de forma sutil en una de las mejores películas de la historia. Aunque la memoria colectiva suele asociar el fenómeno con Sony, si miramos de cerca la famosa fotografía en el set de Volver al Futuro (1985), Michael J. Fox no lleva un Walkman en la cintura. El dispositivo exacto de Marty McFly es un Aiwa HS-P02 MkII lanzado en 1984.
Ese aparato plateado no era un simple accesorio de moda; fue el protagonista de una escena icónica. Viajando a 1955, disfrazado con un traje antirradiación y haciéndose pasar por un extraterrestre de Vulcano, Marty le coloca los auriculares a su joven padre para despertarlo a mitad de la noche con un atronador solo de guitarra de Van Halen. El destino de la línea temporal dependía de la potencia de ese reproductor de casetes.
Sony y Aiwa marcaron una época de diseño japonés, ingeniería nostálgica y casetes grabados de la radio con dedicatorias especiales. Aunque los formatos digitales terminaron por reemplazar la cinta, estos aparatos siguen siendo el santo grial de la nostalgia pop, recordándonos los días en que la música se sentía, se tocaba y se llevaba con orgullo en el cinturón.
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