Si juntas dos orejas, la forma recuerda a un corazón
Si juntas dos orejas, la forma recuerda a un corazón.
Tal vez sea solo una coincidencia visual, pero tiene algo hermoso: nos recuerda que escuchar también es una forma de amar.
Porque oír no siempre significa escuchar.
Oír es recibir sonidos.
Escuchar es detenerse, mirar al otro con atención, dejar por un momento el propio ruido y hacerle espacio a lo que alguien necesita decir.
Muchas heridas no piden grandes discursos.
A veces solo piden un oído paciente.
Alguien que no interrumpa.
Alguien que no juzgue demasiado rápido.
Alguien que escuche incluso lo que la otra persona no sabe explicar.
Por eso, quizá, las orejas parecen completar un corazón cuando se juntan.
Porque el amor no siempre habla fuerte.
A veces simplemente se sienta al lado de alguien y escucha.
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