Un camello recién nacido es, literalmente, plano
Un camello recién nacido es, literalmente, plano.
Al contrario de lo que muchos imaginan, estos animales llegan al mundo sin sus icónicas jorobas. En su lugar, solo se observa una pequeña zona blanda, arrugada y cubierta por un delicado pelaje sedoso.
La explicación es puramente biológica: las jorobas no están hechas de hueso, sino de grasa acumulada. Si nacieran con ellas completamente desarrolladas, el parto sería imposible para la madre. Es a las pocas semanas, gracias a la lactancia y a sus primeros alimentos sólidos, cuando estos depósitos comienzan a ganar volumen y a esculpir su silueta característica.
Pero la verdadera obra de arte de su anatomía está en el suelo. Sus patas cuentan con un sistema de amortiguación natural único. Al caminar, sus grandes dedos se expanden hacia los lados para distribuir el peso del cuerpo de manera uniforme. El mecanismo funciona exactamente igual que unas raquetas de nieve, impidiendo que el animal se hunda en la arena movediza del desierto.
En el caso del camello bactriano —el gigante de dos jorobas que habita en las estepas de Asia Central, este diseño es el que le permite avanzar con total firmeza sobre el hielo y las capas densas de nieve durante los inviernos extremos.
Además, la vida en el desierto no da tregua.
Por eso, el instinto de supervivencia de estos animales es inmediato: apenas unas horas después de nacer, la cría ya es capaz de ponerse en pie por sí misma y seguir el ritmo de la manada. Una velocidad de adaptación asombrosa para uno de los entornos más implacables del planeta.
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