Alguien arrojó uvas a un pozo en la Toscana hace 2.000 años

Alguien arrojó uvas a un pozo en la Toscana hace 2.000 años. Sin saberlo, preservó la historia del vino moderno.

Un equipo de investigadores de la Universidad de York secuenció el ADN de 80 semillas de uva halladas en pozos de Cetamura del Chianti, en Italia, con una antigüedad de entre 300 a.C. y 300 d.C. El barro sin oxígeno en el fondo de esos pozos las conservó con una precisión extraordinaria durante siglos.

Lo que encontraron reescribe parte de la historia de la viticultura. La inmensa mayoría de las semillas pertenecía a una única variedad de uva, transmitida de los etruscos a los romanos y mantenida durante generaciones. Los análisis genéticos revelaron incluso el color de esas uvas: blancas.

Tras la conquista romana, llegaron nuevas variedades desde el sur de Francia, prueba de la extensa red comercial agrícola que Roma desarrolló para estandarizar la producción de vino en distintas regiones del imperio.

Pero el hallazgo más sorprendente fue otro. Entre las semillas, los investigadores identificaron una perteneciente a una familia de cepas que aún hoy se cultivan en Europa central y oriental. Su pariente moderna más cercana es una rara variedad de uva de piel gris de Hungría. Y está directamente emparentada con una vid de 400 años que crece en Eslovenia, reconocida oficialmente como la más antigua del mundo todavía capaz de producir frutos.

Una semilla arrojada a un pozo hace dos milenios. Una vid que sigue dando uvas hoy.

El vino tiene memoria más larga de lo que pensábamos.

📌Fuente: Clarín - "Con el ADN de semillas de uva de hace 2000 años reconstruyeron el origen del actual vino"

Contenido original en https://www.facebook.com/572747458334426/posts/1339584028317428